El pronto suceso de vacaciones facultativas obliga a incrementar las expectativas sobre posteos futuros en este nuestro blog. Por ello, este blog tratará de reestructurar un poco su régimen de publicaciones, aumentando su frecuencia y tocando ejes de debates prometedores, fructíferos y poco comentados. A la vez, y levantando la apuesta como consecuencia de los desafíos locales y mundiales, damos un cálido saludo a nuestra nueva corresponsal en el corazón de la crisis capitalista para relatarnos cómo se desenvuelve el tan famoso efecto jazz que día a día nos obliga a pensar hacia dónde vamos y cuál es la ley de transformación de la sociedad capitalista. Es por ello que te mandamos un beso y abrazo Clari! (C.) Esperemos, desde nuestra oficina en Buenos Aires (M.) y Mar del Plata (B., T.), recibir buenas noticias tuyas y estamos abiertos a todo lo que nos quieras contar. Sabemos que es difícil en tiempos laborales y de tantos cambios esbozar explicaciones que puedan ser expuestas en el blog pero estamos confiados de recibir una buena vivencia tiempo después que el avión toque suelo argentino nuevamente. Por su parte, M. desde la city porteña comentará sobre la crisis actual desde la perspectiva argentina y con su nueva experiencia a mts. de la Casa Rosada. B. con su excelentes explicaciones prometió varios posteos en los albores de sus 22 años a cumplirse en la mitad del mes de diciembre y T. juró incrementar sus posteos nacionales y populares. Mediante esta breve reseña, configuramos el escenario de verano y hacemos algunas promesas de campaña que cumpliremos al pie de la letra. Saludos cordiales. M.
Bueno, después de un tiempo de ausencia han vuelto los post. En primer lugar quería pedir disculpas por la ausencia, y espero que ahora que empiezan las vacaciones se me haga mas fácil la escritura. Últimamente pasan miles de cosas día tras día, las noticias nos invaden y cada vez que veo el noticiero prefiero reirme para no llorar. La mediocridad de los noticiosos (como diría mafalda), es tal que no soporto mucho tiempo delante de uno. Pero bueno, en esos pocos minutos empecé a rescatar algunas cosas y me surge una pregunta, o mejor dichos dos: ¿las medidas tomadas por el gobierno surgen ante las crisis? o ¿las crisis surgen por las medidas tomadas por los gobiernos? Creo que algunos pueden saber a lo que me refiero, otros no y por eso mismo paso a comentar. Hace unas semanas, podría decirse un mes atrás, surgieron dos cuestiones que llamaron poderosamente mi atención, una de estas no se ha convertido en una medida, mientras que la otra (u otras) fueron tomadas. Tal vez por eso el título del artículo no sea el más acertado y por ello pido disculpas. En primer lugar quiero referirme a la supuesta medida que iba a tomar el gobierno de la provincia de Buenos Aires, creo que conocida por todos, de bajar la edad de imputabilidad a 14 años e incluso bajo palabras textuales de nuestro sr. gobernador, el ex piloto de lanchas (cada vez que recuerdo esto, me pregunto justamente como alguien así puede llegar a un cargo de poder, o mejor dicho cómo la gente puede votarlo, pero eso es tema de otro post), tendría que ser bajada a 12 años. Se me hace díficil poder describir algo así, quisiera creer que es un chiste. Porque de repente, de un día para otro la delicuencia fue noticia, de repente los adolescentes salían y robaban, mataban, entraban y salían del sistema judicial, y así nos mostró la televisión día tras día, durante semanas e incluso hoy lo sigue haciendo. Estas noticias no vinieron solas, surgieron del crimen de un ingeniero en San Isidro, la zona de mayor poder adquisitivo del Gran Buenos Aires. Y de repente algo ocurrió, las noticias empezaron a surgir, la delicuencia fue nuevamente noticia y la sociedad, en parte, comenzó a "blumberizarse". Esto llevó, creo yo, a que nuestro gobernador se sienta llamado en su atención y haya decidido actuar, o al menos intentarlo. No buscó más que algún tipo de salida mágica, de esas que sirven para los votos y para dejar contento a un grupo de la sociedad. Su intento por querer cambiar las leyes, fue aplaudido por una gran parte de la sociedad, fue la respuesta a su reclamo, era la manera en la que se podía llegar a hacer justicia. Ahora bien, yo me pregunto, toda esta gente que sale a reclamar, excluyendo a las victimas porque no se puede juzgar a la gente que habla desde el dolor por lo menos en un primer momento, ¿alguna vez se preguntó por qué ocurre lo que ocurre? ¿Por qué los jóvenes delinquen, por qué matan? ¿Alguna vez se lo preguntaron? Tuvieron la claridad mental como para poder entender por qué se llega a algo así? Creo yo que no. Esto no es producto de la espontainedad, ni de un gobierno, ni de los últimos, esto viene de mucho más atrás, esto es la consecuencia de años y años de un plan perfectamente diseñado para que esto ocurra. Entonces, señores ciudadanos les paso a contar que la solución no es mágica, el meter preso a un pibe, no sólo que no sirve, sino que empeora la situación. Es por eso que se debe pensar en dos medidas, a corto y a largo plazo. En las de primer lugar se debe, de alguna manera contener a estos adolescentes, no digo que no haya un castigo, pero no de la manera en que la gente se imagina, este castigo puede existir, pero desde otros lugares, mediante instituciones que lo único que hagan sea privar de la libertad ambulatoria pero no del resto de las atribuciones, que estos pibes aprendan, se eduquen, se les devuelva todo los que le sacó durante años (porque a ellos este sistema también los mató en vida y a muchos los mató literalmente). En el largo plazo, la solución es más compleja, pero porque justamente no es instantánea, y se refiere al fortalecimiento de las instituciones, con un sistema de salud y educación adecuado y en donde haya posibilidad de acceso para cualquiera habitante. Tal vez lo que digo a muchos les parezca útopico, yo no lo creo tan así. Son cosas que se pueden lograr tranquilamente, si se hacen bien. En segundo lugar, quiero hablar brevemente de las medidas tomadas por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que decidió recortar becas y mantener el sueldo más bajo del país para nuestros docentes. Creo que ver esto es lo que me lleva a sostener que el señor de bigotes cree que todo se maneja como una empresa y que su experiencia en dirigencia es pésima por lo que termina haciendo lo que hace. No puedo más que estar molesto al ver estas medidas. Al referirse de las becas dijo: " lo hago porque hay gente que las retira y no las necesita" (Macri). Creí que sabía lo que eran los equipos de trabajo de los ministerios de educación para el control de entregas justas de las becas. Luego decide rehusarse, aunque ahora ya pasó, al aumento de sueldos a docentes, creyendo que salen a reclamar porque les gusta y poniendo como victimas a los alumnos, con noticias como puso en uno de sus post "proyecto de medio pelo": "Hoy 5000 alumnos se quedan si clases". Es por eso que creo que este gobierno, que hoy leí la noticia que va a hacer recortes en el presupuesto para educación, no tiene mucha noción de cómo manejar las cosas y que el jactarse que se trabaja para el progreso de los porteños no se hace enrejando plazas y haciendo más estacionamientos, además de subir los servcios, sino que se hace siendo coherente a la realidad del país o por lo menos sabiendo reconocer los errores que se cometen.
El mundo cambia, eso es cosa de todos los días. La historia nos consume y el presente se esfuma. El mundo se polariza, la sociedad también. Las distancias se han acortado (gracias a la tecnología, el avance en las comunicaciones y el transporte). Los viajes han aumentado. Día a día se mueven enormes masas de población a lo largo del globo. Los viajes como empresas de no retorno también han aumentado. La inmigración es un tema que preocupa. Trataremos a lo largo del presente post de brindar algunas luces sobre aquello que está pasando.
Si bien los pueblos siempre viajaron y la población constantemente se trasladaba, la inmigración como un fenómeno social de una magnitud considerable apareció recién en el siglo XIX. La revolución industrial, el vapor y los ferrocarriles fueron los elementos que posibilitaron esos movimientos a grandes distancias. Las grandes crisis europeas (por ejemplo, la de 1873) fueron factores de expulsión de poblaciones y familias que se encontraban en la miseria. Al mismo tiempo, otros factores, éstos de atracción, como las condiciones económicas favorables de los países de acogida, las cadenas y redes de personas y solidaridades en la que la información era la llave de mano para la instalación de las familias, contribuyeron a ello. Muchos de los países del mundo, pero sobre todo aquellos países de América fueron los que recogieron la mayor parte de ese grueso poblacional en movimiento. Estados Unidos, Brasil y la Argentina fueron los países del continente americano que más inmigrantes acogieron. La idea era poblar (“gobernar es poblar”) el desierto sarmientino, en fin “civilizar”. Esta idea lentamente fue perdiendo fuerza, parece serque los emigrantes que vinieron no eran los esperados. No eran los civilizados ingleses, franceses, alemanes que hubieran deseado. En cambio eran españoles e italianos en mayor medida. Ley de Residencia, persecuciones políticas, establecimiento de sindicatos socialistas y anarquistas, violencia política, etc.
¿Qué paralelo podemos trazar entre esos movimientos de mediados del siglo XIX y principios del XX y las actuales corrientes migratorias? Hoy en día la gente se sigue moviendo por el mundo; turismo, viajeros, mochilas, valijas, etc. Sin embargo, muchas otras personas no deciden viajar por placer, sino que las circunstancias los llevan a ello. Los desplazamientos de población pueden ser de dos tipos: están los que ocurren en masa (cual éxodo) y que muchas veces tiene que ver con guerras civiles, conflictos entre estados, epidemias, etc., que ocasionan refugiados de un país en otro; y están aquellos que se hacen voluntariamente, que tienen que ver con huir del país buscando un porvenir mejor, un salida a la terrible realidad que los aqueja, tal es el caso de la inmigración actual y sobre todo la inmigración africana hacia Europa.
Europa se ha cerrado sobre sí. Si bien antes Europa se lanzó a descubrir elmundo, ahora la utopía se agotó. La aventura moderna, como la califica Bauman, llego a su fin. Ahora tienen un continente fortaleza con fronteras establecidas y vigiladas. Con leyes firmes que no permiten el ingreso de personas al continente, que los expulsan si irrumpen el orden (una nueva ley de residencia). Entonces se generan preocupaciones encontradas. Están aquellos que firmemente se muestran intolerantes frente al extranjero y están aquellos que intentan bregar por la tolerancia y el multiculturalismo (parafraseando a un prof. de la Fac.,se trata de “Aprender a vivir juntos”). La Francia que vota a Sarkozy lo hace porque asegura firmeza en sus decisiones y no flaqueza en temas preocupantes como la seguridad, la inmigración, la vigilancia. Quien haya visto Caché (2006, Haneke), puede ver cómo los temores de una familia de clase media – alta francesa (que bien podría ser prototípica de un análisis de Bourdieu) tienen directa relación con la seguridad, la vigilancia, la ruptura de la intimidad y la inmigración. Los personajes se ven asediados por una cámara que los filma, que los muestra saliendo y entrando de su casa. Pero la situación que resuelve todo es la aparición del hijo de la familia hablando con un hombre de origen africano a la salida de la escuela. El director explícitamente no nos dice nada, pero implícitamente nos remite al tema de la intolerancia/tolerancia. Los sucesos acontecidos hace unos pocos años en París con la quema de autos y de locales por parte de las minorías étnicas nos remiten a esta realidad que preocupa, a este miedo al extranjero. La prohibición de usar el velo a las mujeres que profesan el Islam dentro de las escuelas nos muestra que el ser distinto está penado y sancionado. Hace un tiempo también tuve la oportunidad de ver un documental de origen austríaco titulado “¡Extranjeros Afuera!”. Plantaban un contenedor-casa en el medio de una plaza con miembros de todas las minorías del país (sobre todo extranjeros, árabes, indios, africanos, etc.) e inventaban un reality “ficticio” a nuestros ojos pero no a los de los televidentes. Mostraban así el grado de intolerancia de la gente que votaba por la salida de la casa de cada uno de los extranjeros. Otro caso fílmico es el de la película sátira “Un día sin mexicanos”. ¿Qué pasaría si desaparecen todos los latinos de los EEUU?
Más aún estas miserias humanas, estos miedos son moneda corriente y no sólo en Europa. Europa sancionó una nueva ley inmigratoria pero mismo en nuestro continente también reflejamos esos rasgos europeos que ya son tendencias globales. Ahora que de nuevo están de moda los muros (no precisamente el de Marley) parece ser que la tendencia es “aislarse”. Pensemos en el muro de Israel / Palestina, en el de la frontera EEUU / México, o en alguno futuro entre la capital federal y el conurbano. La suma de los males se condensa del otro lado. Delincuencia, drogas, enfermedades, pobreza. Lo vemos en expresiones cotidianas: “Esos que vienen a sacarle el trabajo a los argentinos”. Siempre está afuera. Falta análisis muchach@s y sobre todo estructural. Antes las élites que dieron forma a nuestras naciones eran consientes de la necesidad del extranjero, de la necesidad del otro para poblar y civilizar nuestros desiertos. Ahora levantan muros, endilgan los males a los otros, ghettizan la sociedad. Y no sólo lo hacen ellos, lo incorporamos a nuestras formas de obrar y pensar. ¿Total en el country qué me puede pasar? Por si las dudas gente, no compren casa en el Carmel.
La teoría económica pura rara vez es noticia. Sin embargo, para comprender el actual conflicto que enfrenta a las asociaciones rurales y al Gobierno es imperiosamente necesario desempolvar viejas controversias conceptuales. En efecto, a primera vista, la pelea entre el campo y el Gobierno parece ser una simple cinchada para apropiarse de una bolsa de recursos, tironeo que, fuera de los desbordes verbales de los protagonistas, no parece encerrar ningún misterio. Porque, siempre en el terreno de las apariencias, nada hay más natural que el planteo del campo: dicen que tanto sus productos como la totalidad de su precio les pertenecen por completo y cualquier intento del Estado de apropiarse una parte es una intromisión inadmisible o, como gustan decir, una “confiscación”. Sin embargo, doscientos años de teoría económica desmienten esta apariencia. El argumento de las asociaciones agrarias en contra de las retenciones tiene tres pasos: 1. Como ocurre en cualquier negocio, el empresario realiza una inversión y en base a su inversión obtiene su producto; 2. Como ocurre en cualquier negocio, si los precios de venta de ese artículo se elevan, la ganancia adicional corresponde exclusivamente al productor. Nadie tiene derecho a meter la mano en el bolsillo ajeno; 3. Si el Gobierno pone un impuesto especial a una rama favorecida, está castigando al empresario que acertó al realizar su inversión y, sobre esa base, nadie querrá realizar nunca nuevas inversiones, ya que pensará que el Estado le va a quitar una parte si el negocio es exitoso. De estos tres puntos se deduce que, aunque el campo esté atravesando una época de bonanza, ponerle impuestos especiales configuraría una intromisión indebida en la libertad de empresa, generaría incertidumbre y acabaría finalmente con la inversión. La economía científica, no obstante, muestra con claridad aquello que el campo quiere negar: en la producción agropecuaria no ocurre lo mismo que en cualquier otro negocio. La diferencia es la siguiente. Si en una rama industrial se registrara un incremento de la demanda y un consecuente aumento de precios, los productores obtendrían ganancias extraordinarias. Pero en cualquier negocio estas superganancias serían sólo transitorias. Con el tiempo, podrían sumarse nuevas firmas que con una inversión similar producirían exactamente el mismo artículo en exactamente las mismas condiciones, aumentando así la oferta hasta que tal ganancia extraordinaria se esfumara. Sin embargo, autores como David Ricardo, fundador de la escuela clásica, o Alfred Marshall, fundador de la escuela neoclásica, señalaron que en la producción agrícola existe una diferencia sustancial: como la actividad se asienta sobre determinadas circunstancias climáticas y de fertilidad del suelo, a diferencia de otras ramas, ningún inversor puede reproducir esas mismas condiciones naturales, por más que hacerlo represente un excelente negocio. Mientras las máquinas e instalaciones industriales se pueden producir en escala más amplia cada vez que sea conveniente elevar la oferta, las magníficas tierras de la pampa húmeda se pueden comprar o vender, pueden cambiar de manos, pero no es posible multiplicarlas. En el campo se puede ampliar la oferta, pero utilizando peores tierras. Condiciones naturales más favorables significan menores costos y las tierras argentinas históricamente han permitido producir con costos menores, en relación con otras zonas, incluso a escala mundial. Es por eso y no por la pericia inigualable de los terratenientes argentinos, que llegamos a convertimos en “el granero del mundo”. Si bien el precio mundial del trigo, el maíz o la soja es el mismo para todos los vendedores, en algunas regiones de nuestro país los costos son muy inferiores. Mientras el precio de los productos industriales tiene, en términos generales, dos componentes: costos y ganancia, el precio de los productos agrarios tiene tres: costos, ganancia y renta del suelo. La renta es entonces equiparable a un precio de monopolio. Los dueños de las mejores tierras (como las de Argentina) se quedan con esa diferencia que no se debe a la inversión ni al esfuerzo sino a las condiciones naturales. La producción agraria no es como cualquier otro negocio, sino que podría decirse que en este sentido se asemeja mucho a la producción petrolera. En ambas existe una renta, un margen por encima de la ganancia normal debida al monopolio sobre ciertas tierras excepcionales. Es por eso que, fuera de las tierras marginales, en Argentina existe una fuente de ganancias extraordinarias o, más precisamente, de renta del suelo que deja en las manos de los propietarios un monto adicional cuando los productos se colocan en el mercado mundial. Es falso entonces que las retenciones impliquen una confiscación de la ganancia legítimamente obtenida por los inversores, como en cualquier negocio. Las retenciones gravan básicamente ese adicional del precio sobre la ganancia normal que obtienen quienes producen en tierras excepcionales, como las de buena parte de Argentina. Esta consideración teórica es, claro está, independiente del modo en que se utiliza la recaudación y lo es también del hecho de que quienes producen en zonas marginales (con los precios actuales la frontera se ha corrido significativamente) puedan recibir algún apoyo especial. Ante aumentos de los precios internacionales tan abruptos como los que experimentaron las exportaciones de nuestras exportaciones (la soja y el girasol casi se duplicaron en un año), lo razonable es aplicar impuestos que graven la renta del suelo. Los costos pueden haber aumentado, pero no se han duplicado, de manera que lo que creció es el componente renta. Las retenciones, aunque sean muy elevadas, pueden dejar ganancias razonables para el productor –similares y hasta superiores a las de otras ramas– y, además, mantener más bajo el precio interno de los alimentos. Aquí no está en disputa una porción de la ganancia, sino la renta del suelo originada en las condiciones naturales. Es cierto que los pequeños productores marginales sufren más y que puede brindarse un apoyo especial. Es cierto que debe discutirse el uso de los recursos. Pero es absolutamente falso que las retenciones sean una confiscación o un robo. Es estricta justicia distributiva.
Ya desde hace algún tiempo, formo parte de la ONG Jóvenes Solidarios, la cual tiene por objetivo ser un espacio de participación “para que los jóvenes se comprometan con otros jóvenes”, para despertar de la indiferencia hacia la sociedad, para crear propuestas y encontrar caminos alternativos a la exclusión, marginalidad y pobreza y reclamar constantemente por los derechos humanos, entre otras cosas. Actualmente, la organización trabaja en Villa Evita, que queda detrás de la fábrica de los hermanos Materia. Allí, está funcionando una escuelita de fútbol y apoyo escolar, para todos los niños de la Villa. ¿Pero qué le importa a un chico el diptongo si no tiene para comer? ¿Cuántos goles puede meter un niño si su dieta es a base de hidratos de carbono? Mientras nosotros realizábamos con buena fe nuestras tareas solidarias, aparecían en la Villa 18 casos de niños con bajo peso crónico, léase, desnutrición. Ya el año pasado, la organización había realizado una denuncia al Defensor del Pueblo por la emergencia nutricional y la inasistencia por parte del Estado en este lugar, bajo el lema de la campaña HAMBRE NO. Esta denuncia coincidió con la campaña electoral del actual intendente de la ciudad, por lo que causó un gran revuelo y disparó varias promesas. Y allí estábamos nosotros, otra vez, con los 18 casos CERTIFICADOS de chicos con bajo peso crónico, o como lo llamaban en la Salita, chicos “flaquitos por herencia”. La solución de la Salita Municipal era, entre otras barbaridades, hacerle caso a Pancho y comprar Actimel. Interesante... Así fue como decidimos diseñar un nuevo plan de lucha: la campaña HAMBRE NO (¿suena familiar?). Como primera medida, se organizaron reuniones con el Secretario de Salud, Dr. Ferro, y la Secretaria de Desarrollo Social, María del Carmen Viñas, quien nos felicitó por nuestra fuerza y nuestro empeño en reclamar la asistencia a las familias de Villa Evita. Pero guarda, porque ella se comprometió a reunirse con Fulano y con Mengano, y decirle Fulano que llame a Minguito y bla, bla. Y así pasaba el tiempo, con los chicos comiendo arroz (los que lo tenían) y los dirigentes haciendo reuniones y reuniéndose sin reunir ninguna solución. Agotando todas las vías pacíficas, por llamarlas de alguna forma, decidimos hacer una protesta muy original frente a la municipalidad. Varios de los Jóvenes Solidarios nos disfrazamos de ñoquis (sisi, NOS disfrazamos) y flameamos la bandera de “EN LA MUNICIPALIDAD, TODOS LOS DIAS ES 29”. Acompañamos a las madres de la Villa, quienes mostraban los carteles de HAMBRE NO y un excepcional “VIÑAS-FERRO, NOS ENCANTA HACER SU TRABAJO” y otro que acusaba INACCIÓN MARPLATENSE. Luego de hacer un poco de lío, bajaron algunos ñoquis municipales y prometieron una visita a la Villa. Esta vez, fueron, con el mismísimo Secretario de Salud. ¿Misión cumplida? Bueno, es un poco más complicado que eso… En primera instancia, decidieron realizar controles de talla y peso, “para luego ver qué hacemos”, con el objeto de afrontar la problemática y “no tapar el sol con las manos”. La semana siguiente, haciendo zapping, me cruzo con el sensacionalista Teleocho Informa haciéndole una nota al Dr. Ferro en Villa Evita, bajo el marco de una Campaña de Vacunación para niños y adultos, y una “castrada masiva” a los animales de la Villa. Me quedé escuchando a Mr. Ferro y allí estaba, allí lo escuché diciendo que “de los 18 casos denunciados de bajo peso crónico, solo se comprobaron 5; que tal emergencia nutricional no existe y que la asistencia alimentaria llegará a las familias siempre y cuando la asistente social de la Salita lo considerase.” Es decir, para ponerlo en otras palabras, el municipio, a través de la Salita, certificó 18 casos de bajo peso crónico y el mismo municipio sólo pudo comprobar 5. Hay algo que no cierra. Quizás en 15 días los nenes aumentaron 2 kilos. O quizás, se decidió tapar el sol con las manos. Lo más triste de todo es que esto no es noticia nueva. Sin embargo, me gustó la idea de exponerlo porque lo viví de cerca. La verdad es que me indigna mucho la subestimación que recibe la gente de la Villa por ser tan solo eso: gente de la Villa. Pesarlos con ropa y zapatillas para que tengan uno o dos kilos de más es jugar con su ignorancia, cuando en vez de eso se pueden proponer políticas de asistencia para mejorar la situación barrial, y cuando se habla de políticas de asistencia, no se hace referencia a un Plan Jefes y Jefas o similar, porque si nuestros dirigentes se tomaran cinco minutos para dialogar con las madres, se darían cuenta de que lo que reclaman es trabajo. Hay demasiado prejuicio dando vuelta y demasiadas pocas ganas de hacer las cosas bien, lo que, para mí, es una mezcla fatal…
Todos estos días que han pasado, hayamos visto un noticiero, leído un diario o nos hayan comentado, han estado marcados por lo que sucede en el hermano país de Bolivia. Creo que nos hemos visto, en algunos casos como el mío, bastante sorprendidos por lo que pasaba, pero, por otro lado, con la sensación de que eso iba a ocurrir. Mientras otros lo deben haber visto como una situación más, otra noticia más. En este posteo no vengo a hacer ningún análisis histórico, ni sociológico, menos aún un análisis de los medios, etc. Sólo vengo a hablar de lo que me ha generado ver este conflicto y hasta dónde se ha llegado con las cosas. Todos somos conscientes de la situación que atraviesan los países latinoamericanos. Se habla de un pseudo crecimiento y de una mejora en las condiciones de calidad de vida. Creo que varios países estamos en la situacion que comento M. en su primer post, un crecimiento hasta cierto punto invisible porque para donde miremos nuestros ojos no ven grandes cambios. Sólo los vecinos del Brasil han mostrado un real crecimiento económico, pero no social. Es, a mi parecer, la igualdad social una materia pendiente para todos los países (y sociedades), que en el caso de Bolivia se multiplica aún más, pues está atada a una herencia histórico-geográfica que los llevo a que esté mucho mas adelantado en "desigualdad social", y tal vez sea un presagio para el resto de los países vecinos. Mirar lo que ocurre realmente da miedo y muestra lo más bajo de la sociedad y de los individuos: una provincia rica, poseedora de todos los recursos naturales, que hace ingresar las divisas al país, y que obviamente son usados por el Estado para poder impulsar una mayor equidad (si se hace o no, es tema aparte), quiere separarse del mismo, acusando justamente que no tienen porque dar su riqueza al país (bueno tal vez no tan así, puedo estar equivocado, pueden poner otras excusas o decir otras cosas, pero en el fondo la cuestión es esa) mientras que del otro lado nos encontramos con provincias pobres, sin recursos y con un presidente que quiere defender sus derechos. Ahora bien, al ver lo anterior no puedo dejar de sorprenderme, no entra en mi cabeza el querer separarse de un país y no aportar para el bienestar de toda la sociedad. Parece que el individualismo es un mal no sólo de nuestro país sino que trasciende las fronteras y como si fuera a propósito se multiplica más aún en donde no debería estar. Es justamente esto por lo que estoy posteando. Quisiera alguna vez en mi vida entender la naturaleza humana, quisiera saber hasta donde se puede llegar con este juego de los valores y lo que es peor, para mí, la decadencia humana. Podría escribir mil cosas y hacer mil preguntas, pero prefiero quedarme con que en Bolivia se llegue a buen puerto (incluso con una salida tan justa al mar, que Bolivia reclama hace años) y apoyar la lucha de la gente de allá, de su presidente y que aunque muchos puedan no estar de acuerdo, mucha de las cosas que están pasando es por querer cambiar algo en aquel país, querer, supuestamente mejorarlas. Bueno, espero que sirva para que ahora algunos prendan la tele y se pregunten que esta pasando, y que vean como el individualismo lleva a la decadencia de una nación, o mejor dicho, de todas. Solamente me despido con una pregunta: como inviduos, ¿qué es peor? ¿quedarse sentados viendo cómo las cosas pasan? ¿querer cambiarlas? ¿o creer que uno no tiene la culpa de lo que pasa y sólo salir a luchar cuando se lo toca de cerca? Espero recibir sus respuetas, la míaa creo que ya la deben saber. Soy partidario de cambiar las cosas, no se si soy idealista utópico, sólo se que es lo que quiero.
Históricamente, el problema siempre estuvo presente. En algunos momentos más, en otros olvidada, la inflación parece ser endémica en Argentina. Sin embargo, ha sido motivo de controversias y desde el primer gobierno peronista (algún historiador podrá corregirme si me equivoco) una constante. ¿Estamos condenados a vivir con inflación? ¿Es malo tenerla? La experiencia histórica nos dice que sí, y es por ello que las expectativas inflacionarias pueden ser más altas. No obstante estaríamos siendo miopes… En primer lugar, resulta necesario definir el concepto. Generalmente no se utilizan largas definiciones para ello. Simplemente es posible decir que se entiende por inflación a un alza generalizada de los precios de bienes, servicios y factores productivos durante un período prolongado de tiempo y en una región determinada. En Argentina, para medirla se utiliza un índice llamado Laspeyres que en los países desarrollados ha dejado de tener vigencia debido a sus debilidades metodológicas. Algunas de ellas: estadísticamente es un índice sesgado (al ser un promedio aritmético, alzas importantes en pocos productos de escasa utilización podrían distorsionar el resultado); supone que los consumidores no reaccionan frente a las modificaciones en los precios; supone la no existía el efecto sustitución; sobreestima el nivel de inflación. Actualmente lo que creemos que es inflación es la medición del IPC (índice de precios al consumidor): lamento decirles que tampoco es del todo correcta dicha afirmación. El ICV (índice de costo de vida) es el verdadero termómetro de la inflación, que está asociado a la utilidad de cada consumidor (concepto de preferencias a la hora de consumir). Igualmente, debido a la complejidad metodológica para efectuar dichas mediciones, diremos que el IPC es un adecuado índice que nos aproxima bastante bien a la realidad. Hoy por hoy, (es el cambio que entre otros propone EE.UU.) se sugiere adoptar el Índice Fisher, un promedio geométrico, y se lo denomina IP ideal (matemática y económicamente supera todas las pruebas de rigor para demostrar su efectividad, aquí deberán creerme, sino no la lectura se dificultaría bastante). No puedo extenderme sobre las cuestiones metodológicas pero las últimas modificaciones introducidas por los Fernández y Moreno han sido pésimas. No es mi objeto aburrirlos, claro está. Supongo que algunos ya han dejado de leer esto, pero para los masoquistas, me gustaría ahora adentrarme en la cuestión principal. Pese a ello, consideré necesaria dicha aclaración para que nos ponga en contexto. ¿Por qué parecemos tan atemorizados por la inflación? Hay varios enfoques para un mismo país. La inflación quita el poder adquisitivo a los salarios, aumenta los precios de bienes y servicios y sube los costos de producción (se puede leer como un circulo vicioso). Quienes primero caen son los sectores con menos recursos económicos, cruzando la línea de pobreza (dirección norte-sur) y pudiendo acceder cada vez a menos prestaciones básicas que le permitan, al menos, realizar sus actividades mínimas de subsistencia. La clase media a la vez, tiene menos poder de consumo (enfatizo aquí por su carácter consumista) y en efecto, la riqueza se redistribuye. Si alguien debe gastar menos, es porque evidentemente alguien puede gastar más (un detractor del perverso dixit). A la vez, económicamente, se acelera el consumo. Pensemos intuitivamente: si yo se que un par de zapatillas hoy cuesta $100.- y mañana $150.- y necesito tenerlas, ¿qué hago? Las decisiones de consumo presente y futuro cambian en estos contextos. Ahora, un aumento de la demanda, ¿no lleva a un aumento de precios? En algunas circunstancias más, en otras menos, esta ley puede no ser cierta a posteriori debido a la estructura de cada mercado, pero en Argentina, yo la considero demasiado válida. Cualquier momento es bueno para maximizar beneficios aquí. Por otro lado, refleja inestabilidad económica. En un mundo donde todos miran hacia todos lados a la hora de colocar sus capitales, donde los riesgos económicos son muchos y no simplemente por la crisis de las “subprimes” en EE.UU., la estabilidad financiera-económica es importantísima. La necesidad de seguridad se hace fundamental ya que permite la prevención, predicción y proyección a más largo plazo. No puedo extenderme mucho sobre esto, realmente merecería un mejor análisis. Pero “sólo por hoy” voy a tomar el camino más corto. ¿Por qué entonces un gobierno puede querer distorsionar los índices? Aquí hay varias causas. En primer lugar, como ya explicité, la inflación marca quién entra y quién sale de la pobreza (en términos estadísticos al menos). Obviamente ningún gobierno quiere ver aumentar estos porcentajes. A su vez, los salarios reales caen y es necesario renegociarlos. Este factor es importante, muchas veces a través de estos indicadores se observa el desempeño económico de un país a través del tiempo. Una variable Proxy para estimarla serían las paritarias: a mayor inflación mayor es su frecuencia. En segundo término, actualmente la Argentina ha emitido bonos ajustados por la inflación. Es decir, para que sean más atractivos a los acreedores y no queden desfasados de su valor de compra, existe un coeficiente que ajusta su precio y pago de intereses. Luego, si estos bonos están por doquier (me refiero a que se ha inundado el mercado) y los índices inflacionarios son elevados, las cuentas fiscales sufren duros reveses para afrontar estos vencimientos. Por otra parte, el aumento de la recaudación impositiva, esos record que dicen batir desde la Casa Rosada, estarían siendo malinterpretados pues, si la recaudación aumenta en un 15% y mi inflación es del 30%, hay algo que no me cierra…, es más, diría que el poder adquisitivo, el poder de pago, el poder del gasto estaría decayendo importantemente. En otras palabras, la ecuación es simple. Pensemos en la alícuota de IVA: lamentablemente 21%. Año 2003, compro una gaseosa y pago $1, 21ctvs al fisco, 79 cts. para el vendedor. Año 2008, la misma gaseosa a $2, 42 cts. al fisco, $1, 58 al vendedor. El fisco duplicó su recaudación. Conclusión, los efectos inflacionarios implican pujas distributivas (prometo extenderme en otro posteo sobre ello y algunas cosas que quedaron pendientes). Los gremios, los empresarios y los trabajadores luchan por no perder territorio en el ámbito salarial y por mantener sus intereses intactos pese a los avatares de la economía. Los empresarios de ninguna manera quieren ver achicarse sus beneficios extraordinarios y los trabajadores ven como su salario real se empobrece. Sin embargo, la inflación es un fenómeno que se da en gran parte porque todos somos sus creadores. Las expectativas inflacionarias existen, nosotros en tanto personas que vivimos realizando transacciones decidimos compras o ventas pensando en la inflación y por ende la recreamos. Por ello, no todo lo que nos digan es real, es más fácil tener la percepción en la medida que la inflación nos golpea que leer un número del gobierno en un periódico. Es sabido que la inflación del mes de julio no fue del 0,6%, y mucho menos creer que cierra el año al 11%. Actualmente, los registros privados de diversas consultoras y estimaciones concuerdan entre el 25% y 30%. Yo adhiero a ello, más después de escuchar a profesores míos de seria y destacada performance académica quejarse por las injusticias de INDEC (algunos trabajan o hacen lo que pueden en el organismo). Por último debo aclarar una cosa: estamos ante un proceso inflacionario interno y otro externo. Los precios de las materias primas están subiendo, entonces resulta lógico que los productos de las manufacturas aumenten. Pero de ninguna manera alcanza estos niveles. Por otro, la interna a mi juicio no se debe ni a la teoría cuantitativa del dinero ni a las leyes de mercado Walrasianas, sino a pujas distributivas y problemas institucionales existentes y sin siquiera querer ser resueltos. Una vez más la economía no es sin la política, una vez más, parece que nos quieren ocultar algo… ¿será que no estamos creciendo al 8%?
Cordiales saludos M.
P.D.: habrá otros artículos de inflación en estos meses sucesivos.
Somos cuatro jóvenes marplatenses, quienes entre charlas de café y cervezas en Bares, hemos decidido crear un blog de actualidad, en el cual podamos discutir lo mismo que discutimos siempre.